
Dalí Y Gaudí estuvieron siempre en mis entrañas formando parte de ellas incluso cuando no sabía que existían. Así fue como los reconocí en cuanto les puse el ojo encima: eran míos. No puedo explicarlo porque con toda seguridad no tiene explicación: ES, sin más.

Visceral, sí, puede ser eso, que se trata de una forma de mirarles que no me permite objetividad ni frialdad o racionalidad, les siento. Y por eso, lleva arañándome rencorosamente la deuda pendiente desde aquella vez en que, hallándome en Barna me quedé con las ganas de entrar en la Casa Batlló porque antepuse -mal hecho, lo sé- los deseos ajenos a mis necesidades emocionales.
Esta vez entré, vaya que si entré. Y la recorrí entera acariciándola con la mirada y llevándome grabadas en la piel y en los huesos su aroma y su tacto en el hueco aquel que tenía reservado para ellos. Solas ella y yo hablamos sin palabras, pese a los turistas que la invadían y las ganas de todos ellos, tan legítimas como las mías, pero, estoy segura, con menos obligación existencial.





ES EL MAR
Esta casa es el mar cuando se evapora el agua.
Perfecta para una sirena venida a mortal cuando está lejos del agua.
Gaudí ha debido conocer a alguna que otra sirena.
Casa Batlló @ Glauka 2007
Perfecta para una sirena venida a mortal cuando está lejos del agua.
Gaudí ha debido conocer a alguna que otra sirena.
Casa Batlló @ Glauka 2007
1 comentario:
Hola Glauka,
Para una barcelonesa como yo, admirar ésta belleza y la definición última que haces, es sencillamente impresionante. Núnca se me ocurrió mirarlo así.
Muchas gracias
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